
¿Es
Bíblico Tener Sólo Un Anciano?
Hoy día, algunos están enseñando que un anciano puede
gobernar la congregación. En el Nuevo Testamento,
encontramos el término “anciano”, en la forma singular.
En los siguientes versículos:
1 Ti.5:19— “Contra un
anciano
no admitas acusación.”
1 P.5:1— Pedro dijo: “Ruego a los ancianos que están
entre vosotros, yo
anciano
también con ellos”
Pablo, también, usó la forma singular del obispo cuando
daba los requisitos del anciano:
—1 Timoteo 3:2 “Pero es necesario que el
obispo
sea irreprensible, marido de una sola mujer…”.
—Tito 1:7 “Porque es necesario que el
obispo
sea irreprensible. . . “.
— En este caso, Pablo estaba dando las calificaciones
con las cuales el hombre tiene que cumplir para hacerse
anciano.
En todos otros lugares en el Nuevo Testamento se
encuentra la forma plural: “los ancianos”. ¿Por qué es
importante tener más que un anciano? Primero, tenemos
que seguir el patrón bíblico. Ningún versículo de la
Biblia aun implica que un anciano puede gobernar la
congregación.
Ahora, veremos algunos versículos acerca de la
pluralidad de ancianos.
Hechos 14:23— “Y constituyeron
ancianos
en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los
encomendaron al Señor en quien habían creído”.
Tito 1:5— “Por esta causa te dejé en Creta, para que
corrigieses lo deficiente, y establecieses
ancianos
en cada ciudad, así como yo te mandé”.
Había una pluralidad de ancianos en Jerusalén y Judea:
—Pablo y Bernabé llevaron ayuda a los ancianos en
Judea: Hechos 11:29,30— “Entonces los discípulos,
cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar
socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual
en efecto hicieron, enviándolo a
los ancianos
por mano de Bernabé y de Saulo”.
—Entonces Pablo y Bernabé fueron directamente a la
iglesia de Jerusalén y hablaron con los apóstoles y
ancianos acerca de un problema doctrinal que estaba
causando disensiones en la iglesia.
—En cada caso, el término “anciano” es usado en su forma
plural:
Hechos 15:2 “. . . subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén,
y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los
ancianos, para tratar esta cuestión”
Hechos 15:4 “Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos
por la iglesia y los apóstoles y
los ancianos.
. .”.
Hechos 15:6 “Y se reunieron los apóstoles y
los ancianos
para conocer de este asunto.
Hechos 15:22 “Entonces pareció bien a los apóstoles y a
los ancianos,
con toda la iglesia. . . “.
Hechos 15:23 “y escribir por conducto de ellos: Los
apóstoles y los
ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre
los gentiles. . . “.
Hechos 16:4 “. . . los apóstoles y
los ancianos
que estaban en Jerusalén. . .”.
En Éfeso había pluralidad de ancianos —Hechos 20:17—
“Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a
los ancianos
de la iglesia”).
Los enfermos deben llamar a los ancianos (Plural).
Santiago 5:14 “¿Está alguno enfermo entre vosotros?
Llame a los
ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole
con aceite en el nombre del Señor”.
Algunos piensan que si un anciano muerte, el otro puede
seguir en el puesto. Pero si así, entonces podemos
establecer un anciano en la iglesia—algo que El Espíritu
Santo no autorizó.
Tener un sólo hombre gobernando la congregación, no
muestra sabiduría. Cuando Jesús envió a los apóstoles
en la comisión limitada, Él quería que dos personas
andar juntos (Lucas 10:1).
En el libro de Proverbios, dice el hombre sabio:
Proverbios 11:14 “Donde no hay dirección sabia, caerá el
pueblo; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad”.
Proverbios 15:22 “Los pensamientos son frustrados donde
no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se
afirman”.
En el Antiguo Testamento, en casi todos los casos,
leemos de pluralidad de ancianos en Israel. No hay
ejemplo, ni implicación de ninguna congregación en el
Nuevo Testamento que tenía sólo un anciano.
Los historiadores nos dicen que la apostasía del camino
de Dios durantes los primeros años de la iglesia empezó
cuando un anciano recibió autoridad sobre una
congregación. Fue llamado “obispo,” implicando una
posición distinta del anciano. Era doctrina de los
hombres, porque Dios jamás planificó que un hombre
gobierna sobre una congregación. —tm

1 Corintios
Capítulo Uno
(Versiculos18-31)
La
Sabiduría y el Poder de Dios
1 Corintios 1:18
Aquí se nos presente dos clases de persona y sus
opiniones sobre la doctrina de la cruz.
(a) Los que van a la perdición. A ellos el evangelio
les parece una tontería. No solamente se ríen del
evangelio, sino piensan que es una estupidez, y que es
torpe e inútil. Esta clase de persona se cree tan
sabia que no piensan necesitar a Dios ni a Cristo.
Ellos van a la ruina eterna.
(b) Los que van a la salvación. Para esa clase de
persona, la palabra de la cruz es poder. En el griego,
“dunamis” de la cual derivamos la palabra dinámico,
dínamo y dinamita. El poder de Dios es Cristo (1
Corintios 1:24), es el Cristo crucificado (1 Corintios
2:2,5), y es la palabra de la cruz (1 Corintios 1:18).
Más poderoso que la dinamita, el mensaje de salvación
hace explotar el pecado. Como un gran dínamo, o
generador eléctrico, el evangelio es fuente de la
poderosa energía salvadora (Romanos 1:16).
1 Corintios 1:19
En este versículo, Pablo cita a Isaías 29:14 para probar
que la sabiduría humana no posee esa energía salvadora.
Alguien parafrasea el versículo 19 así, “Porque Dios
dice: ‘Destruiré los planes humanos de salvación por
sabios que parezcan, y haré caso omiso de las mejores
ideas humanas por más brillantes que sean.” Ningún
hombre, no importa lo sabio que sea ¡jamás han podido
salvar un alma! Los descubrimientos más altos no son
nada en comparación con las grandes verdades de Dios,
del mundo invisible, el verdadero fin del hombre, que el
evangelio nos ilumina. La predicación y los escritos de
los escépticos y filósofos humanos no han podido
convertir ni un alma del error de sus caminos.
Muchas iglesias evangélicas proponen un plan de
salvación que a ellos les parece sabio. Dicen que
recibamos a Cristo como nuestro salvador por medio de la
oración. Pero ¿dónde está el pasaje que enseña que la
salvación viene por medio de repetir una oración? Al
contrario, la Biblia dice en Juan 9:31 que “Dios no oye
a los pecadores”. Dios destruirá la sabiduría de los
que creen tal doctrina.
1 Corintios 1:20
Aun los hombres más intelectuales no han podido
descubrir una manera por la cual nos podemos salvar. 1
Corintios 1:20 dice: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está
el erudito? ¿Dónde está el filósofo de esta época? ¿No
ha convertido Dios en necedad la sabiduría de este
mundo?” El sabio incluye a los profetas y los
principales de las sinagogas judías que leían la ley de
Moisés cada sábado. El escriba se refiere a los
expertos de la ley de Moisés. Copiaban a mano las
escrituras hebreas y así se familiarizaban con las
escrituras. El "disputador de este siglo" se refiere al
filósofo o polemista. Incluye al hombre griego que
discutía temas filosóficos. Un ejemplo de tales
personas son los filósofos epicúreos y estoicos del
Areópago que les gustaba oír “cosas nuevas” (Hechos
17:18).
Estos tres grupos (los sabios, escribas, y filósofos)
rechazaron el camino del Señor llamándolo necedad. Pero
la predicación del evangelio demuestra la necedad del
mundo. La predicación de la cruz ofrece al hombre la
salvación y la promesa de un hogar eterno en el cielo,
pero la sabiduría del mundo solamente ofrece placeres
temporales aquí en la tierra y una eternidad de
sufrimiento en el infierno. ¿Cuál le parece el camino
más sabio?
Aun los judíos reconocían que sin Dios no hay nada
sabio, ni fuerte ni rico. Considere el siguiente
escrito judío:
"Nuestros rabinos enseñan que habían dos hombres sabios
en el mundo. Uno fue el israelita Achitofel y el otro
el gentil Balaam, pero los dos fueron miserables en este
mundo. Habían dos hombres fuertes en el mundo; un el
israelita Sansón, y el otro el gentil Goliat; pero
ambos fueron miserables en este mundo. Habían dos
hombres ricos en el mundo; un el israelita Corah, el
otro un gentil Amán; y ambos fueron miserables en este
mundo. ¿Y por qué? Porque sus dones [su sabiduría,
fuerza, y riqueza] no procedían de Dios" (Comentario
de Adam Clark)
Como puede ver la sabiduría de Dios nos muestra la
necedad de la sabiduría humana.
1 Corintios 1:21
El mundo no conoció a Dios mediante su propia
sabiduría. Los filósofos con todo su aprendizaje,
sabiduría e industria, podían encontrar a Dios. Pero
la predicación que Cristo es el camino a Dios, aunque
parezca ser una tontería es el “poder de Dios para
salvación” (Romanos 1:16) que salva al que cree. Dios
escogió la necedad y locura de la predicación para
salvar al hombre.
1 Corintios 1:22-23
Los judíos
querían ver señales milagrosas (Mateo 12:38,39). Cristo
dijo en Mateo 16:1 y 4: “Una generación malvada y
adúltera busca una señal milagrosa, pero no se le dará
más señal que la de Jonás”. Jamás ha existido una gente
tan difícil de persuadir de la verdad que los judíos.
Después de ver numerosos milagros indudables, y
notables, no a él le recibieron. Y cuando Dios les dio
la señal más asombrosa jamás al resucitar a Cristo de
los muerto, todavía negaban que Cristo fue el Mesías.
A los judíos Cristo les fue una piedra con la cual
tropezaron (1 Pedro 2:9), porque vino manso humilde, y
pobre, sin buscar gloria mundana; pero ellos esperaban
que el Mesías vendría como un príncipe poderoso y
conquistador. Aun hoy los judíos rechazan que Cristo
fue crucificado, que murió, que resucitó y que es el
único camino de salvación.
Los griegos buscaban sabiduría y Cristo les parecía una
tontería. Después de leer la filosofía de Plato, Cisero,
Séneca y otros con todo su alarde y elocuencia, el
sencillo mensaje cristiano les parecía tontería.
Cuando Pablo predicó a los filósofos Atenienses acerca
de Cristo y la resurrección le llamaron “charlatán” y se
rieron (Hechos 17:18 y 34). En el segundo siglo, un
hombre llamado Celsius escribió que los cristianos “en
verdad adoran a un cadáver”. De igual manera, hoy día
muchos confían en sus teorías científicas y no toman
seriamente el mensaje cristiano.
1 Corintios 1:24
Para los que Dios ha llamado, Cristo es el poder y
sabiduría de Dios. Dios nos llama o sea nos invita
por medio de la predicación del evangelio. Tal como
Cristo fue “poder” para la mujer que padecía de
hemorragias, Cristo es fuente de poder para salvarnos
del pecado. Cuando esa mujer tocó el borde del manto,
poder le salió de Jesús y ella fue sanada (Marcos
5:27-34). Así mismo, cuando nos acercamos a Cristo en
obediencia, esa energía divina nos cura del pecado.
Cristo es la sabiduría de Dios. Cristo es el centro
mismo del sabio plan de salvación divina. Dios demostró
su gran sabiduría al dar su Hijo unigénito, porque en
Él, Dios mostró justicia y a la vez misericordia. ¿Cómo
podía Dios demostrarse justo y condenar el pecado y al
mismo tiempo demostrar su misericordia? Dios se
demostró justo cuando su amado Hijo murió y fue
castigado para que el pecado del hombre recibiera su
debido castigo. Y Dios se demostró misericordioso
cuando en vez de ponernos en el infierno donde
merecíamos estar, envió a Cristo para tomar nuestro
lugar para efectuar nuestra salvación. Verdaderamente
Cristo es la demostración más alta de la sabiduría de
Dios.
1 Corintios 1:25
Cuando nos parece que Dios está actuando de una manera
irracional o débil, es ese momento cuando Dios triunfa
sobre la sabiduría y poder humano. Si Dios fuera necio,
entonces su necedad sería más sabio que el hombre más
sabio, y si Dios fuera débil, su debilidad sería más
fuerte que el hombre más fuerte.
Dios, aunque la manera nos parece necio, por medio de la
crucifixión de Cristo, hizo lo que el hombre no podía
hacer por si mismo. ¡Salvó al hombre! (2 Corintios
3:4). Alguien lo expresó así: “Un creyente sencillo e
inculto que sigue humilde y fielmente al Señor es
inmensurablemente más sabio que el doctor brillante que
se mofa del evangelio".
1 Corintios 1:26
En el pasado, había algunos nobles que recibieron el
evangelio. Por ejemplo, el tesoro de la reina Candace
de Etiopia se hizo cristiano (Hechos 8:27). El
procónsul de Chipre, llamado Sergio Paulo, aceptó el
evangelio (Hechos 13:6-12). Dionisio el areopagita, una
juez en Atenas, creyó (Hechos 17:34). Erasto, tesorero
de la ciudad de Corinto, se hizo cristiano (Romanos
16:23). Muchas mujeres nobles en Tesalónica y Berea
aceptaron la verdad (Hechos 17:4, 12).
Estos ejemplos de gente sabia, poderosa, y célebre son
pocos. La mayoría de los cristianos siempre ha
consistido de personas sencillas. Dios llama a la gente
ordinaria. No son la gente prominente que acepta la
llamada del evangelio. Son los pobres, los de poca
educación y los esclavos. Por eso, Santiago 2:5 dice:
“Hermanos míos amados, oíd: ‘¿No ha elegido Dios a los
pobres de este mundo para que sean ricos en fe y
herederos del reino que ha prometido a los que le
aman?” Hay más pobres que ricos entre los escogidos de
Dios, porque los pobres están más dispuestos a rendirse
a la llamada divina que los ricos.
1 Corintios 1:27-29
Dios escogió lo necio del mundo. El mundo considera
necio que Dios se encarnaría y que moriría colgado en
una cruz para darnos perdón. El mundo nos mira como
necios cuando les explicamos la importancia del bautismo
en la salvación del hombre. Se burlan de nosotros
diciendo que nos bautizamos para conocer mejor a los
peces. Pero estas cosas reprochadas por el mundo Dios
las escogió para avergonzar a los que se creen sabios.
Dios utilizó a los “débiles” y a los humildes para
avergonzar a los intelectuales. Los argumentos de los
de poca educación tenían una fuerza que el talento y
el aprendizaje de los hombres seculares no podían negar
ni resistir. Mateo 11:25 dice que Cristo oró: “Te
alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos
y las revelaste a los niños”.
"Lo vil y menospreciado del mundo” se refiere a los que
no han tenido un nacimiento noble o ilustre. Por
ejemplo, los apóstoles no tenían noble nacimiento, sino
que fueron hijos de gente común. Aun nuestro Señor fue
hijo de un carpintero. Pero Dios escogió la gente común
― “lo vil y lo
menospreciado del mundo” para efectuar su plan divino.
Es posible que aquí Pablo se refiera específicamente a
los convertidos gentiles que fueron considerados viles y
odiosos en los ojos de los judíos. Los judíos los
consideraban iguales a los perros. Entre los judíos los
gentiles siempre han sido objetos de desprecio.
Dios escogió “lo que no es”. Lo que el hombre considera
nada y sin valor y lo que pasa por alto como si no
existiera, eso Dios escogió. Romanos 4:17 dice,
“Dios. . .llama las cosas que no son como si fuesen”.
Es decir que Dios escogió a los gentiles que en un
tiempo ni fueron considerados humano
― una gente
destituida de Dios (Óseas 1:10; 2:23; Romanos 9:25; 1
Pedro 2:10).
Dios escogió a los gentiles para humillar a los judíos
que se creían tan importantes a fin de que Dios
recibiera gloria (Mateo 22:1-12). Dios no escogió a
los fariseos que buscaban su propia gloria, sino a los
humildes gentiles para que Dios y Él sólo reciba la
gloria (Romanos 3:27).
1 Corintios 1:30
No podemos jactarnos diciendo que nos hemos salvado por
nuestro propio poder, porque todas las bendiciones y
riquezas espirituales que tenemos provienen de Cristo
(Efesios 1:3). Es por la gracia de Dios que somos lo
que somos (1 Corintios 15:10). El Dios eterno es aquel
que ha seleccionado al Señor Jesucristo para que sea
sabiduría, justificación, santificación y redención.
Consideremos estas cuatro descripciones de Cristo:
(1) Cristo es nuestra sabiduría. Los judíos tenían una
sabiduría legal. Deuteronomio describe esta sabiduría
así: “Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque esto
es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los
ojos de los pueblos, los cuales al oír de todas estas
leyes dirán: '¡Ciertamente esta gran nación es un pueblo
sabio y entendido!' Nosotros los cristianos tenemos
la sabiduría del evangelio que sobreexcede la sabiduría
del filósofo y escriba, y aun la sabiduría de la ley
mosaica.
Tenemos a “Cristo en quien están escondidos todos los
tesoros de la sabiduría y conocimiento” (Colosenses
2:3). No debemos poner atención a ningún otro, porque
Él sabe todo. Si nos sentamos a los pies de Cristo, y
escuchar cuidadosamente sus palabras, Él nos dirá las
palabras que nos ayudarán actuar sabiamente en nuestro
diario vivir.
Cristo es nuestra justificación. Jeremías 23:5, 6
hablando de Cristo el Rey, descendiente de David, Dios
dice: “Y este será su nombre con el cual le llamarán:
JEHOVA, JUSTICIA NUESTRA”. Cristo, por medio de su
sangre, y su resurrección nos ha provisto con la
justificación de nuestros pecados que la ley mosaica no
podía dar (Gálatas 2:21 y Romanos 3:25; 4:25).
Cristo es nuestra santificación. Cristo dice: “Y por
ellos, yo los me santifico a mí mismo, para que ellos
también sean santificados en la verdad” (Juan 17:19).
La ley de los judíos solamente podía proveernos una
santidad externa y relativa, pero Cristo hizo posible
una santificación verdadera y eterna en espíritu, alma y
cuerpo cuando murió en la cruz (1 Ts.5:23). Nos
separó del mundo y nos consagró a si mismo para que le
sirvamos siempre.
Cristo es nuestra redención. No es el autor de
redención de la esclavitud Egipcia, ni del cautiverio
babilónico, sino nos redimió (nos libró) del
servidumbre de Satanás, del dominio del pecado y de la
muerte. Así Cristo es primeramente nuestra redención
del pecado.
Cuando fuimos esclavos del pecado, Jesús pagó el precio
más alto para efectuar nuestra libertad: derramó su
propia sangre (1 Pedro 1:18,19). En segundo lugar
Cristo es nuestra redención de la esclavitud de este
cuerpo mortal (Romanos 8:21-23). En el día de
redención, Cristo nos librará de este cuerpo doloroso, y
nos dará cuerpos semejantes a su cuerpo inmortal y
glorioso. La redención de nuestro cuerpo ocurrirá en
el día de la resurrección final.
1 Corintios 1:31
Alguien parafrasea el versículo 31 así, “El que va a
gloriarse, sólo puede gloriarse en lo que el Señor ha
hecho”. Aquí Pablo cita Jeremías 9:23, 24 donde nos
hace recordar que no debemos gloriarnos, porque fuimos
bautizados por cierto predicador, o porque hemos hecho
muchas buenas obras, sino que debemos siempre darle a
Dios la gloria porque todo lo que hacemos es nada en
comparación con lo que Él ha hecho.
Como el apóstol Pablo, debemos gloriarnos en la cruz de
Cristo (Gálatas 6:14). Aunque algunos se gloriaban en
sus logros, en su nacimiento, en sus riquezas, Pablo
dice que el gloriarse en estas cosas es
insignificante. No debemos gloriarnos a nosotros
mismos porque somos ricos, o porque somos talentosos, o
porque somos de una raza particular, sino que debemos
gloriar a Dios, porque tenemos un Salvador amado.
―Paul
Melton