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El Mensajero Internacional  

"Si alguien habla, hable conforme a las palabras de Dios..."
1 Pedro 4:11

Tomo 2                     Septiembre 2003                    Número 9
(Versión del Internet)

Contenido

Pero Vosotros, ¿Quiénes Sois?

La Tele es mi Pastor

Jesús Sólo

"No debáis a nadie nada"

Estudie Usted Mismo Los Libros de la Biblia 

Pero Vosotros, ¿Quiénes Sois?

En los tiempos apostólicos, los hombres hicieron milagros para confirmar su testimonio. Hoy, ¡los hombres dan su testimonio para confirmar sus milagros! Anoche recibí una llamada telefónica de un hombre que quería saber si yo creía que las señales mencionadas en Marcos 16:17, 18 existen en la iglesia hoy día. Cuando le expliqué que el propósito de estas señales habían cesado y por lo tanto, las señales mismas habían cesado, él comenzó a dar testimonio de los muchos milagros y curaciones que él había atestiguado y experimentado.

 Mientras yo escuchaba, las diferencias y discrepancias entre sus milagros y los que se encuentran registrados en la Biblia se hicieron más y más evidentes. Tenía ganas de decirle al hombre lo que Pablo dijo en Hechos 19:13-16. "A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quienes sois?

Aun a la persona muy mal informada, las diferencias entre los milagros que hicieron hombres apostólicos, y aquellos que hacen maravillas del día corriente son claras. Note conmigo, por favor, tres discrepancias:

1. Ante todo, los milagros apostólicos fueron instantáneos. Los sanadores modernos hacen lo que ellos llaman "milagros graduales". El hombre con quién hablé por teléfono me dijo que su cuñado estaba casi muerto con saturnismo. Sin embargo, un grupo de amigos se reunieron, y oraron y su cuñado fue curado. Pero ¿sabe qué? Tomó el Espíritu un mes para sacar las sales de plomo de su sangre. Cuando yo viví en Oklahoma, miré un programa de televisión de Oral Roberts una noche que relató la historia de su vida. El relató que cuando era joven, "un sanador de fe" le curó de la tuberculosis. ¿Sabe cuanto tiempo tomó para curarle de tuberculosis? ¡Un año! Estaba tendido en una cama en un sanatorio en Tallahena, Oklahoma por un año antes que el Espíritu Santo le curó completamente.

El problema es que no puedo leer de milagros graduales en la Biblia. Pregunté al hombre por teléfono, y  atrevo a cualquier hombre vivo, a acertar el pasaje de la escritura donde una persona jamás fue curada gradualmente. Nadie en los tiempos nuevo testamentarios tenía que esperar un mes o un año para que Dios les sane. Los milagros apostólicos fueron milagros instantáneos.

2. Segundo, la discrepancia entre ambos la CALIDAD y CANTIDAD de los milagros apostólicos y la de los carismáticos modernos es mucha. Hablando en general, los pentecostales del día corriente reclaman poder hacer solamente tres cosas. Ellos reclaman poder hablar en lenguas, sanar los enfermos, y echar fuera demonios. No reclaman poder hacer otras señales. Pídales levantar los muertos. ¡No pueden! Pídales tomar veneno o dejarse ser picado por una serpiente de cascabel. ¡No lo harán! Los apóstoles podían y lo hicieron, y si los hombres hoy tuvieran la misma medida del Espíritu Santo, ellos podrían y lo harían también.

Así mismo, los milagrosos apostólicos fueron de tan buena calidad, que fueron incontestables. Cierto, los enemigos de Jesús y de los apóstoles atribuían sus milagros al diablo, pero jamás podían negar que habían hecho milagros (Hechos 4:16). ¿Cómo podían negarlo? Podían beber veneno y vivir, ser picado por una serpiente mortal sin morir, podían devolver la oreja a una cara sangrienta, hablar en idiomas que jamás habían aprendido, sanar todo tipo de dolencia interna y externa, y aun levantar los muertos. ¿Dónde está el hombre que puede hacer todo esto hoy? Mi papá, que usa  dientes postizos, pidió una vez a un carismático del día corriente si podía darle dientes nuevos y reales. Es innecesario decirlo, pero el todavía anda dientes postizos. Los apóstoles podían haberlo hecho, y si los hombres hoy tuvieran lo que los apóstoles tenían, ellos también podrían hacerlo.

3. Últimamente, los milagros registrados en el Nuevo Testamento no fueron basados en emocionalismo. El Hijo del Hombre podía acercarse a una procesión fúnebre y sin preliminares levantar un hombre de los muertos (Lucas 7:11-16). Jamás miramos a Jesús, quien tenía el Espíritu sin medida, gritando, desmayándose, temblando, o actuando de una manera ingobernable.

Sin embargo, si usted visita un culto hoy donde logran milagros pretendidos, usted notará un ambiente de alta emoción. A veces, dedican horas estimulando las emociones a un frenesí. Solamente cuando todos están en ese estado de alta emoción, es que hacen milagros.

Conocí a un hombre en Georgia que me dijo una vez que el único tiempo que podía hablar en lenguas fue cuando el estaba bien entusiasmado emocionalmente en un culto como el que acabo de describir.

Jesús y sus apóstoles no dependían del emocionalismo. Sanaban a hombres que ni sabían quien eran Cristo y sus apóstoles (Juan 5:13; Juan 9:36; Hechos 3:1). Aun sanaban a sus enemigos que sin duda no estaban "en el espíritu" (Lucas 22:51).

El movimiento carismático o neo-pentecostal es puro emocionalismo y es absolutamente ajeno al cristianismo nuevo testamentario. Es hora de los que reclaman tener la medida milagrosa del Espíritu nos muestren su poder o que queden callados. Pueden hacer lo que hicieron los apóstoles o no pueden, y no es hora para testificar sino demostrar (1 Corintios 2:4).

Cuando un hombre me asegure que puede lograr milagros de la misma calidad y cantidad de los milagros bíblicos, lograrlos instantáneamente, y hacerlos sin un ambiente emocional, entonces estaré dispuesto a considerar sus demandas. Hasta entonces, la pregunta queda, "Pero vosotros, ¿quiénes sois?  — Escrito por Jerry Dickenson en Mayo 1, 1979. Traducido por Paul Melton

 

 La Tele es mi Pastor

La tele es mi pastor; nada me faltará.

En el sofá me hará descansar; lejos de las escrituras me conducirá.

Ella destruye mi alma; me guía por senda de sexo y violencia en interés del patrocinador.

Aunque ande en valle de sombra de mis responsabilidades cristianas, no habrá ninguna interrupción, porque la tele está conmigo; su pantalla y sintonizador me consuela.

Ella prepara anuncios delante de mi en presencia de mi mundanalidad; unge mi cabeza con el materialismo; mi concupiscencia esta rebosando.

Ciertamente la pereza e ignorancia me seguirán todos los días de mi vida, y en mi casa moraré mirando la tele por largos días.

 –Autor desconocido

 

 

Jesús Sólo

Bautizar en el nombre de Jesús no es el problema. De hecho, es bíblico y es mandamiento de Dios y lo hacemos. El problema existe entre el grupo que no cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, sino cree que el es Dios el Padre.  Nosotros bautizamos en el nombre de Jesús o por la autoridad de Jesús, pero no solamente en el nombre de Él.  Mateo 28:19 nos enseña que bautizáramos en el  nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   Entonces les bautizamos a las personas por la autoridad de Jesús dentro de una relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.   Por eso, después del bautismo, la persona está en comunión con el Padre y el Hijo, como dice 1 Juan 1:3b: “. . . Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”.   También entramos en comunión con el Espíritu Santo según 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”.

Los Jesús Sólo enseñan que el nombre del Padre, Hijo y el Espíritu Santo es “Jesús”.    Entonces creen que solamente existe un ser en la Deidad.  Es imposible leer la Biblia solamente y llegar a esta conclusión.  Ellos mismos dicen que Dios tiene que revelarle directamente a uno que Él es Jesús.  En otras palabras, según ellos es imposible por estudiar la Biblia llegar a la conclusión que Jesús es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 

 ¿Cómo podemos recibir tales ideas de los hombres?  ¡Si no podemos confiar en la Biblia, no tenemos nada!  Ellos están haciendo a Jesús mentiroso, porque muchas veces en la Biblia Él reclama ser “el Hijo de Dios”. También, el dice muchas veces que tiene un Padre que está en el cielo.  ¿Está Jesús tratando de engañarnos?  ¡Claro que no!  Es algunos hombres que están confusos y sin entendimiento de los primeros rudimentos de la palabra de Dios. —tm

 

 

"No Debáis a Nadie Nada"

En Romanos 13:8, el apóstol Pablo, por la autoridad de Dios, dijo:  “No debáis a nadie nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley”.  La palabra “debías” viene de la palabra griega “opheilo” y significa “deber dinero; estar en deuda por; lo que es debido; la deuda”.  Esta palabra es verbo imperativo y lo que significa  para nosotros es un mandamiento de Dios.  Es contra la ley de Dios o es pecado deber a alguien algo. 

El texto no enseña que es pecado sacar préstamos.  Lo que quiere decir es que si contrae con una persona o grupo de personas un préstamo, debemos pagarlo según el contrato.  Si no lo hacemos, pecamos.  Violamos este versículo que dice: “No debáis a nadie nada”. 

Es triste cuando los cristianos no están conscientes en cuanto a sus deudas.   Cuando el cristiano deja pendiente las deudas o es indiferente al pago de las deudas, entonces la iglesia sufre y la causa de Cristo es menospreciada.  Es mal ejemplo y deja una mala imagen de la iglesia en la mente del prestador.  David dijo: “El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da” (Salmos 37:21).

A veces los cristianos contraen deudas para comprar cosas innecesarias y se convierten en esclavos para pagarlas.  Trabajan todo los días, aun los domingos para pagar sus deudas.  El sabio escribió: “. . .  el que toma prestado es siervo del que presta” (Pr.22:7).  Si uno en realidad ama su libertad, no debe contraer deudas.

Sin embargo, el pecado no existe en obtener préstamos, sino en no pagarlos.  Hermanos,  debemos recordar que nosotros representamos a Cristo aquí en la tierra.  Si no pagamos nuestras deudas, el mundo nos mira como mentirosos y engañadores, y la reputación de la iglesia está manchada. --tm

 

 

Estudie Usted Mismo Los Libros de la Biblia

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” (Proverbios 119:105 D.H.H.). Cuanto más almacenemos en nuestra mente de la palabra de Dios seremos hijos más conscientes de la voluntad de nuestro Padre;  además vamos  a crecer saludables espiritualmente. El mayor problema que invade a los cristianos es la poca o ninguna aplicación en el estudio de la palabra de Dios.   Quizá coincidamos en que a veces no sabemos cómo estudiar la Biblia. Existen varios métodos y uno de ellos es el estudio de los libros de la Biblia tal como fueron escritos; por separado.

La elección del libro a estudiar

Es de suma importancia el libro que escoja para comenzar a aplicar este método, especialmente si recién inicia la vida cristiana. Una elección inconveniente puede desanimarle a seguir estudiando.

Seleccione un libro corto. Conviene uno de cuatro a seis capítulos;  pues debe reconocer que es más difícil lograr un panorama completo de los 28 capítulos de Hechos o de Mateo que de los cuatro de Filipenses o Colosenses .

Escoja un libro fácil. Hay libros que son más complicados de entender que otros, por ejemplo 1 de Juan, 1 de Tesalonicenses  o Filemón resultan menos difíciles que Hebreos, Apocalipsis o Romanos. Iniciar con los libros más fáciles le ayudará después a responder las preguntas que surjan en los libros más complicados.

Comience con los libros del Nuevo Pacto. Ahora es un hijo de Dios (1 Juan 3:2); es decir, un cristiano (Hechos 11:26) y es necesario familiarizarse con los escritos dados al pueblo de Dios para hoy día. Puede empezar por  primero de Juan, ya que es un libro dedicado especialmente a los cristianos y su nueva vida. Valga decir que no significa que restará importancia al Antiguo Pacto, porque contiene palabra de Dios y va a llegar el tiempo oportuno para estudiarlo.

Repetición de lectura

Luego de escoger el libro a estudiar, lo que sigue es familiarizarse con el contenido total del libro y para lograrlo es necesario leerlo repetidamente por lo menos doce veces sin detenerse. Le tomará tiempo, pero se asombrará cómo a través de la lectura corrida comienza a ver el panorama general del libro. Tal vez usted sabe algunos versículos de memoria, al aplicar éste método captará el por  qué del libro, igual a un cuadro de pintura, va a lograr dibujar en su mente el panorama total del libro en estudio.

Preguntas a contestar

Ya leído el libro por lo menos doce veces, llega el tiempo de responder algunas preguntas que le ayudarán a comprenderlo. Tenga un cuaderno o libreta apartado para su estudio y escriba las siguientes preguntas:

¿Quién escribió el libro?

¿A quién lo escribió?

Diga algo acerca del destinatario (a quien iba dirigido) del libro.

¿Dónde lo escribió?

¿Cuándo lo escribió?

¿Cuáles eran las circunstancias que rodeaban al escritor?

¿Por qué fue escrito?

¿Cuál era el principal problema?

¿Qué soluciones se presentaron?

¿Cómo puede aplicarlo en su vida personal?

Comentarios adicionales

Bosquejo del libro

Una vez respondidas las preguntas es tiempo de hacer un bosquejo del libro. Debe haberlo leído lo suficiente, tanto que pueda distinguir el tema o propósito principal con claridad.

En la libreta escriba estos subtítulos:

Tema principal. Resuma el tema principal en una sola oración.

Versículo clave. Seleccione uno o dos versículos que provean la clave del libro en su totalidad.

Bosquejo.  Seleccione los puntos principales de que trata el libro, normalmente tres a cinco en libros pequeños.

No se dirija por las divisiones de los capítulos de su Biblia, estas no fueron hechas por los escritores originales sino mucho tiempo después. Se cree que fue Esteban Langton, obispo de Canterbury, Inglaterra quien dividió la Biblia en capítulos cerca del 1220 D.C y Roberto Stephanos dividió los capítulos en versículos por el año 1551 D.C.

Haga sus propias divisiones del libro en estudio, a veces dos o tres capítulos cubren un solo tema y luego añada las subdivisiones que acompañan a las divisiones principales. Escriba los versículos para cada división mayor o menor del libro.

Ahora sí puede comparar su trabajo con el obtenido por otros (nunca lo haga antes de haber terminado). “Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” (Salmos 119:105 D.H.H.).  —Carlos Rodríguez