Principio
Arriba
Información
Estudios Bíblicos
Cursos Bíblicos
El Mensajero
English

El Mensajero Internacional  

"Si alguien habla, hable conforme a las palabras de Dios..."
1 Pedro 4:11

Tomo 2                     Agosto 2003                    Número 8
(Versión del Internet)

Contenido

Síntomas de una Iglesia Moribunda

Los Que tocan Las Culebras y Beben Veneno, ¿Dónde Están?

Viviendo para Jesús

La Oración en la Reunión de la Iglesia

“Una Vida Más Feliz y Próspera” 

 

Síntomas de una Iglesia Moribunda

 Escribe al ángel de Dios, y las siete estrellas, dice esto: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios” (Apocalipsis 1,2).

¡Una congregación de la iglesia del Señor puede morir!  Jesús se dirigió a la iglesia de Sardis

 ¿Cuáles son los síntomas de una iglesia próxima a la muerte?   Consideraremos tres puntos, concernientes a los síntomas de una iglesia próxima a la muerte.

I. Las congregaciones mueren cuando se pierde el interés de ganar almas para Cristo, pues la función de la iglesia es hacer discípulos (Mateo 28:19,20); Cristo dijo a sus discípulos id y haced discípulos en todas las naciones y luego encontramos las mismas palabras del apóstol Pablo diciendo ¡ay de mi si no anunciare el evangelio! (1 Corintios 9:16 y leamos Romanos 10:14).

Esta es nuestra responsabilidad, la responsabilidad de cada cristiano.  Pero frecuentemente estamos más interesados en la decoración del edificio que en la función que se nos ha encomendado de ganar almas para Cristo.  Estamos más interesados en buscar nuestras comodidades que en traer almas que nunca han oído de Cristo como su Salvador.

 Nuestra visión está dirigida hacía el interior de nosotros mismos; gastamos nuestras energías en cuidar y arreglar el edificio de reunión en vez de emplearlas en ganar almas.    ¡Es ay que estamos camino a la muerte!

II. Las congregaciones mueren cuando los miembros permiten que su lealtad a Cristo se vea comprometida. (Leamos Mateo 6:25-33).  Cuando dejamos de congregarnos (Hebreos 10:25).  Cuando no nos estimulamos al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24).

III. Las congregaciones mueren, cuando permitimos que una enseñanza extraña reemplace la verdadera (leamos Gálatas 1:6-10); existe la posibilidad que uno pase de una práctica religiosa, a otra, sin estar consciente de sus actos; por ejemplo, el reunirse sin adorar, repetir palabras sin estar orando, mover los labios sin cantar himnos, dar dinero sin ofrendar.   Veamos lo que dice Cristo (Mateo 15:7-9 y también Efesios 5:19, 1 Corintios 16:1,2)

En una ocasión, un predicador fue a predicar a cierta ciudad y de pronto saco por conclusión que la iglesia de ese lugar estaba muerta.  Anuncio que el siguiente domingo se proponía dirigir un servicio fúnebre para la iglesia.  Colocó un féretro al frente y a la conclusión del sermón invito a cada miembro a pasar al frente a contemplar los despojos de la iglesia.  Grande fue la sorpresa de cada uno de ellos cuando al asomarse veían sus rostros en  el fondo del féretro. Había un espejo que reflejaba el rostro de los que se asomaban.

¡Realmente este es la medula del asunto! Nosotros somos la iglesia y está tan viva o tan muerta como nosotros lo estamos.  Si donde usted es miembro, y le parece que la iglesia está muerta, quizás es usted el que necesita revivir. Amados hermanos pongan atención a las palabras de Dios: “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14).

Cristo y la iglesia están tan vivas y no muertas.  Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano (I Corintios 15:58).  --Por Ramón Villatoro

 

 

Los Que tocan Las Culebras y Beben Veneno, ¿Dónde Están?

Hoy día, muchas personas religiosas reclaman habar en otras lenguas, echar fuera demonios y sanar a los enfermos. ¿Pero ha notado usted que no oye mucho acerca de las personas manejando las culebras y tomando el veneno?  ¿Por qué?  La Biblia no hace distinción entre las que hablan en lenguas y los que beben veneno y tocan las culebras.  La Biblia los pone en la misma categoría.  Jesús dijo: "Y estas señales seguirán a los que creen:  En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Marcos 16:17,18).

En otras palabras, si los hombres y las mujeres pudieran hablar en otras lenguas y echar fuera demonios, entonces podrían tomar en las manos víboras y beber algo venenoso sin sufrir daño.

Algunos religiosos han sido mordidos por las serpientes.  Después de sufrir por muchos días, casi al punto de morir, se recuperaron.  Y luego gritan y dicen, "Qué milagros!"   Esto no es lo que dijo Jesús que pasaría.  Él dijo: "No les hará daño" (Marcos 16:18).  Cuando una víbora mordió al apóstol Pablo, la Biblia dice que "ningún daño padeció" (Hechos 28:3-6).

Antes de ser escrito el Nuevo Testamento, los milagros servían al propósito de confirmar y comprobar que los apóstoles y los evangelista estaban predicando la verdadera palabra de Dios (Marcos 16:20).  Los milagros fueron esenciales porque estos hombres estaban enseñando una revelación nueva.  Hoy en día, las escrituras del Nuevo Testamento, ya han sido confirmadas por señales y milagros.  Los señales y los milagros fueron un sello de aprobación de Dios que el mensaje era de Él (el Nuevo Testamento).  No tenemos que confirmar otra vez el Nuevo Testamento; por eso, las señales y los milagros no son necesarios hoy día.  Necesitamos predicar y obedecer el Nuevo Testamento y no confirmarlo. --Por Tony Melton  

 

 

Viviendo para Jesús

Vivir para Jesucristo es el privilegio más grande que una persona puede disfrutar en esta corta vida.  El apóstol Pablo dice: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).  En otro versículo, dice que Cristo es la vida de él y de otros cristianos (Colosenses 3:4).  También él proclama, “. . . ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí . . .” (Gálatas 2:20).  La vida más satisfactoria y beneficiosa es la que se encuentra en Cristo Jesús.  Este gozo es reconocido fácilmente en los cristianos que están viviendo para Cristo.

Hoy día, las personas viven para varias razones, pero muy pocas viven para Cristo.  Algunas viven para la satisfacción temporal de gozar en los placeres y deleites que les ofrece el mundo,  olvidando que sus días en la tierra son pocos.    Otras personas viven sólo para ganar las riquezas de este mundo, posiblemente razonando que pueden llevar sus bienes a la sepultura.  Otras están viviendo para ganar más poder, prestigio y popularidad entre los hombres, actuando como si un ser humano determine el destino de los demás.

Por último, uno de los más extraños de la creación de Dios es el hombre o mujer que solamente existe; no tienen deseos por los placeres del mundo, la fama, ni las riquezas. Ellos solamente andan sin dirección, poco a poco tirando las horas de su vida en el basurero sin ningún propósito.  Ellos pierden sus vidas sentados en frente de un televisor o involucrados en otras actividades insignificantes sin tener la ambición o deseo de moverse.  Cuando mueren, pocas personas reconocen que ellos habían existido.

Una vida sin Jesucristo es una vida sin propósito.  ¿Por qué viven algunas personas sin propósito?  La vida cristiana no es una vida que nos trae fama o fortuna, pero es la única vida con propósito real.  El Dios eterno nunca olvidará lo que hemos hecho para agradarle a  Él.    Los hijos de Dios están amontonando las riquezas en el cielo y no en la tierra (Mateo 6:19).  –Por Tony Melton  

 

La Oración en La Reunión de la Iglesia

1 Corintios dice: “Pues de otro modo, si das gracias con el espíritu, ¿cómo dirá ‘amén’ a tu acción de gracias el que ocupa el lugar de indocto, ya que no sabe lo que estás diciendo?”

¿Qué significa “amen”?  Quiere decir “¡Que así sea!  ¡Esto es la verdad!  (Se usa especialmente después de las oraciones). (Diccionario Bíblico por William N. McElrath).

“La palabra hebrea y griega que significa ‘así sea’ o ‘es verdad’” (Diccionario Bíblico por Tomás de la Fuente).  “La voz hebrea que significa ‘así sea’, y que se usa al final de las oraciones” (Larousse por Ramón García Pelayo).  “La voz hebrea con que terminan algunas oraciones y manifieste el deseo de que se cumpla lo que se dice.  Significa así sea” (Diccionario de la Lengua Española).

La Biblia dice: “Y el profeta Jeremías dijo: -- ¡Así sea! Así lo haga Jehová . . .” (Jeremías 28:6).  También dice:  “Porque todas las promesas de Dios son en él ‘sí’; y por tanto, también por medio de él, decimos ‘amén’ a Dios, para su gloria por medio nuestro” (1 Corintios 1:20).    James Strong escribió: “Era una costumbre, la cual pasó de las sinagogas al asamblea cristiana, que cuando él, quien había leído o predicado, había ofrecido una oración solemne a Dios, los demás respondieron ‘Amén’ y de este modo adoptaron lo que fue hablado como su oración.”

Un hermano debe dirigir la oración de la congregación mientras los demás escuchan en silencio.  Ellos escuchan para entender lo que dice el hermano.  Si el hermano que dirige la oración hablara en otro idioma o demasiado bajo, pues los demás no podrían decir “amén”, porque no entendieron sus palabras o no las escucharon. 

De la misma forma, si hablamos en voz baja y cuchicheamos nuestra propia oración mientras un hermano está dirigiendo la oración en voz alta, ¿cómo podemos decir “amén”?  No hemos oído, ni escuchado la oración de él. 

La practica de cuchichear su propia oración cuando el otro la dirige en voz alta probablemente tuvo su origen con la Iglesia Pentecostés.  Ellos siempre hablan y oran al mismo tiempo. Pero sería imposible (con sinceridad) decir “amén” si no se puede oír la oración del otro.

Mi pregunta es . . . ¿Por qué permite a un hermano dirigir la oración en voz alta, si no lo sigue con nuestro pensamiento?  Si todos van a dirigir su propia oración en privado, entonces no hay necesidad tener a un hermano dirigirla en voz alta.  No tiene valor, ni sentido.   J.W. Shepard dijo: “Era la costumbre en oración y en dar gracias que el oidor aprobó y adoptó la oración que fue hablada en voz alta como suya por decir “amén”.

La Biblia dice:  “Si es que alguien habla en una lengua, hablen dos o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.   Y si acaso no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y hable a sí mismo y a Dios.   Igualmente, los profetas hablen dos o tres, y los demás disciernan.  Si algo es revelado a alguno que está sentado, que calle el primero.   Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados” (1 Co.14:27-31).

Dios no quiere que dos personas hablen en el mismo tiempo en el las reuniones de la iglesia.  El dice que los cristianos pueden “profetizar todos uno por uno”.  La confusión existe cuando más de uno habla al mismo tiempo, pero el Señor no tiene parte en esto, porque “Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Co. 14:33).  -- Tony Melton  

 

“Una Vida Más Feliz y Próspera”

El apóstol Pedro escribe: “Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño” (1 Pedro 3:10).  Pedro habla de algo que puede ayudarnos tener una vida más feliz y próspera. Si ponemos en práctica la lección de Pedro, podemos eliminar muchos problemas en nuestra vida cristiana.   Veremos algunas definición del texto:

1.  "Días buenos"‑ días felices; días prósperos.

2. "Refrenar" significa "cesar".

3. "Refrena su lengua de mal" quiere decir que no debemos difamar a otros, ni chismear acerca del otro, ni murmurar, ni quejarnos; no debemos decir palabras obscenas o profanas. El apóstol está citando Salmos 34:12,13.    Nuestra vida depende en lo que decimos.  Si uno quiere tener una vida feliz, hay que controlar su lengua.  Nuestras palabras nos dan vida o muerte  Proverbios 18:21 dice: “La muerte y la vida están en poder de la lengua . . .”.  También,  nuestras palabras nos dan gozo o tristeza.  Dice Salomón:  “El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias” (Pr.21:23).  La palabra “angustia” significa “aflicción; (la) congoja; desmayo; fatiga”.  Nuestra lengua puede causar mucha tristeza y problemas. 

Nuestras palabras nos lastiman.  Si uno tira el lodo al otro, es cierto que una parte manchará a si mismo: las manos, la camisa, los zapatos y pantalones.  En Australia, ellos usan una arma para cazar que llaman "el bumerang". Uno lo tira en el aire y el bumerang regresa a la persona que lo tira.  De la misma manera, nuestras palabras nos vuelvan a nosotros mismos.  El sabio, Salomón, proclama: “El perverso de corazón nunca hallará el bien, y el de doble lengua caerá en el mal”  (Proverbios 17:20).  Nuestras palabras pueden dañar a nosotros mismos.  Cuando decimos algo lastimoso a otra persona, estamos dañando a nosotros mismos.  La única solución para conquistar este problema es meditar y orar diariamente para no decir malas palabras a otros.  Tenemos que dedicar tiempo en pensar en la forma que hablamos.  —tm