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Jesús y sus discípulos estaban cerca del mar de
Galilea, cuando llegó una gran multitud como de
5000 hombres sin contar las mujeres y niños (Mateo
14:21). Un
muchacho tenía cinco panes de cebada y dos
pescados. Jesús
dio gracias por la comida y alimentó a la
multitud. Cuando todos quedaron satisfechos, los
discípulos recogieron y llenaron doce canastas
con las sobras.
La gente quería coronar a Jesús y hacerle
el Rey (v.15).
Luego, Jesús y sus discípulos cruzaron el
mar y la gente empezó a buscarlos.
Cuando la multitud encontró a Jesús, él les dijo a
ellos que habían
venido solamente para llenarse el estómago y no
para crecer espiritualmente (v.26,27). Entonces la gente deseaba una señal.
Ellos querían pan del cielo. Como Jesús había
dicho, el
interés de ellos no era en Él, sino en la
comida; por eso, cuando la comida desapareciera,
también desaparecerían ellos.
Podemos ver que esta multitud estaba compuesta
mayormente de los incrédulos.
Entonces Jesús les dijo que él era el pan
que descendió del cielo y si alguno comía de
este pan, viviría para siempre.
Él dijo: "El pan que yo daré es mi
carne, la cual yo daré por la vida del
mundo" (v.51).
Jesús era el pan enviado por Dios;
Jesús había visto al Padre y fue enseñado
por Él (v.38, 46).
Jesús es la comida para el hombre
espiritual, no para el hombre físico. Los
pecadores participan en la carne de Jesús y la
sangre de Él cuando aceptan el sacrificio que
hizo por el mundo.
Los judíos murmuraban de Él porque había dicho que
era el pan que descendió del cielo (v.41).
Jesús les dijo que no murmuraran entre si,
porque nadie podía ir a Él si Dios no lo atraía
(v.44).
¿Cómo atrae a las personas el Padre?
El versículo 45 dice: "Serán todos
enseñados por Dios".
Sólo los que oyen y aceptan la enseñanza
de Dios pueden ir a Jesús.
La forma que Dios utiliza para atraer a una
persona es por medio de la enseñanza de sus
siervos y predicadores.
Muchas personas perdidas no quieren aceptar la
doctrina de Dios.
Los judíos no aceptaban la doctrina que
Jesús era "el pan" que descendió del
cielo. Fue más difícil todavía para ellos
cuando Jesús les explicó que tenían que comer
su carne y beber su sangre.
¿Qué les enseñaba Jesús a estos judíos?
Seguramente, no les estaba enseñando que
tenían que comer literalmente su carne y beber su
sangre, porque esto estaría en contra de la ley
de Dios (Hechos 15:29; Levitico 17:10; Dt.12:16).
James Macknight escribió: "Una cosa
no sólo prohibida por la ley de Moisés, sino
también repugnante a los costumbres de todas las
naciones civilizadas".
Jesús está enseñando que para ser su discípulo,
uno tiene que adoptar la voluntad y deseos de Él.
Hay que hacer la vida de Jesús, la de uno.
Comer su carne y beber su sangre son
equivalentes a creer en su palabra y obedecer su
voluntad. James Macknight dijo: "Él que cree
en mi doctrina [doctrina de Jesús] y obedece mis
mandamientos hallará alimento eterno y refrigerio
para su alma".
Nadie puede participar en la sangre y la carne de Jesús
literalmente.
Sería contra la ley de Dios comer carne
humana y tomar sangre humana.
Podemos, sin embargo, creer en Él e imitar
su vida y obedecerle en todo.
Nuestra vida se hará como la vida de Él.
Como Pablo dijo: "Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;
y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en fe del
Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si
mismo por mí" (Gálatas 2:20).
Jesús le dijo a la multitud: "Trabajad, no por
la comida que perece, sino por la comida que a
vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre
os dará; porque
a
éste
señaló
Dios el Padre" (Juan 6:27).
Esta comida (pan, carne o sangre) es algo
que Jesús les ofrecía.
Es comida que produce una vida nueva y no
era comida para el hombre exterior (hombre físico).
Jesús, en Mateo 4:4, dice: "Escrito está: No sólo
de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios".
Jesús era el verbo (la palabra) que
"fue hecho carne, y habitó entre
nosotros" (Juan 1:14).
Por lo tanto, comer la carne de Jesús y
beber su sangre también significa participar en
la palabra de Dios - creerla y obedecerla.
En Juan 6:63, Jesús dice: "El espíritu es el
que da vida; la carne para nada aprovecha; las
palabras que yo os he hablado son espíritu y son
vida". El
espíritu del hombre es lo que produce vida en el
cuerpo o en la carne; la carne no da vida al espíritu
del hombre. Las
palabras de Jesús son espíritu y le dan vida al
espíritu del hombre.
En Juan 6:35, Jesús dice: "el que a mí viene,
nunca tendrá hambre" ¿por qué? --come mi
carne y "el que en me cree, no tendrá sed
jamás" ¿por qué? --bebe mi sangre.
Entonces, "comer la carne de Jesús"
significa ir a Jesús y "beber su
sangre" quiere decir creer en Él.
Los que van a Jesús para la salvación nunca tendrán
hambre, porque ellos simbólicamente estarán
comiendo la carne y los que creen en Jesús jamás
tendrán sed, porque simbólicamente estarán
bebiendo su sangre.
Algunos dicen que Jesús estaba hablando acerca de la
cena del Señor.
Las siguientes son algunas razones por las
cuales no creo que este capítulo se refiera a la
cena del Señor.
1. El contexto nos enseña que Jesús era "el
pan vivo" del cielo el cual daría su carne
por la vida del mundo (v.51).
Esto no tiene nada que ver con comer la
cena del Señor.
Jesús, el pan de vida, ofrece vida y
salvación al mundo o sea a los perdidos, pero
comer la cena del Señor es algo que hacemos
porque ya tenemos la salvación.
En el versículo 52, los judíos "contendían
entre sí".
Ellos necesitaban creer en Jesús para que
pudieran tener vida.
2. No es probable que Jesús se refiriera a la cena
del Señor antes que la hubiera instituido, porque
es cierto que nadie habría entendido. También,
Él les estaban hablando a los judíos que en Él
no le habían creído (v.42)
Entonces, ¿por qué les querría enseñar
a ellos, que ni creían que Él era de Dios,
acerca de la cena del Señor?
3. Si Jesús estuviera hablando acerca de la cena del
Señor, entonces los que nunca la han comido, no
tendrían vida en ellos según el versículo 53.
Por ejemplo, si alguien fue bautizado el
lunes y entonces murió el siguiente viernes sin
participar en la cena del Señor, pues murió sin
esperanza, sin vida.
La salvación dependería solamente en
comer la cena del Señor y no en la muerte
de Cristo.
—Tony Melton
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